“Voici
le rivage
voyez je suis sag e
Boulogne
Sur Mer 21 de Julio
Viajo
en un destartalado Citroen que oficia como taxi, por las calles de Boulogne Sur
Mer.
El
chofer me muestra la devastación que la guerra ha dejado, de la que ha pasado 5
años solamente.
-¿Este
es el Hotel Central?
-Oui
Monsieur, c’est ici.- En realidad no es un hotel. Más bien un bar con algunas
habitaciones. Lleno de marineros, de prostitutas y rufianes que cuidan su
negocio. Un fuerte olor a pescado frito se mezcla con el del tabaco de las
pipas que esparcen humo por el abigarrado ambiente del puerto.
Me
gusta, y para no ser menos, tomo un cointreau antes de subir a mi cuarto.
Ya
en la cama, trato de hacer un repaso de este largo viaje por Europa. Me es
imposible. Pienso en las palabras de Jacqueline, la dulce Jacqueline de cuya
mano aprendí París.
“No,
no recordarás París por sus calles ni por sus bistros, ni por sus iglesias o
sus parques, es algo distinto. Está en el aire que se respira, en la gente que
pasa o en esa alegría melancólica que sentimos cada vez que lo reencontramos.
Es una sensación que no puedo definir. La aprenderás con el tiempo. Ya verás,
con el tiempo.” Es tarde y Jacqueline ya no está conmigo; mejor es dormir.
Mañana embarcaré rumbo a Buenos Aires.
Desde
el bar me llega la voz inconfundible de Maurice Chevalier cantando “Pour les
amants c’est tous le jours dimanchs”. ¿Será cierto?
22
de Julio - A bordo
El
barco comienza a despegarse lentamente del muelle.
Una
banda arranca con “Douce France” y “Menilmontant”.
Estabas
al lado mío en la borda, despidiéndote de alguien. Yo te dije “no tengo a nadie
para saludar, pero igual lo hago. Tómelo como una bienvenida.” Te hizo gracia y
sonreíste. Descubrí en ese momento que el sol tenía reflejos mágicos en tu
pelo.
23
de Julio – A bordo
Sé
que te llamas María Isabel y que te dicen Maribel. Heredera de una familia
tradicional, regresas de un largo viaje por Europa con tu madre y tu prima,
para completar tu educación de niña de la sociedad.
El
barco se ha movido mucho al navegar hoy, por el golfo de Vizcaya.
Te
encontré en la cubierta. Como no te mareabas, igual que yo, hablamos durante
mucho tiempo.
24
de Julio
Hoy
conocí a la señora Carolina, la madre de Maribel. Viuda y cincuentona. Es una
auténtica “balzaqueana”, o sea, las mujeres que deseaba Honoré de Balzac.
Elegante y naturalmente de gran mundo. No dejó por eso de someterme a un no muy
disimulado interrogatorio. Qué hacía, qué pensaba hacer, mi familia tenía
campos, y otros pormenores sin importancia.
A
pesar de eso, simpatizamos mucho.
Por
la noche desembarcamos en Lisboa. Recorrimos las pintorescas calles y paseamos
por la avenida Liverdade en compañía de un agradable compañero de mesa, Luis.
Rechacé
prostitutas que se ofrecían y fuimos a escuchar música al “Machado”, mezcla de
restaurant y café, donde se escuchan los melancólicos fados que el público
acompaña cantando también. Qué buena alegría encontrarte allí. Todos reímos,
cantamos, y contagiados por la pasión de una cantante, casi lloramos.
En
ese momento de emoción colectiva fue, que encontré tu mirada y supe que algo
estaba por nacer entre nosotros.
28
y 29 de Julio
Días
de felicidad. Largos, extensos. El reloj del tiempo se ha detenido.
Ver
en cubierta como el sol se asoma es un momento de felicidad. Los problemas se
han ido por la borda. El mar, que siempre regresa todo, nos lo devolverá cuando
lleguemos.
La
magia del viaje ha tendido sus redes. Nuestras manos se entrelazan mirando una
luna caprichosa, que aparece y desaparece, dándonos fuerza espiritual a esa
sobrecargada y misteriosa fascinación de la naturaleza. Los paseos por
cubierta, las miradas furtivas, la piscina y los juegos, la música y los
bailes, canastas, deck-tennis y sol, la luna dialogando con las aguas, y el
infinito inmenso en los crepúsculos, donde la vista no llega y sólo alcanza la
imaginación.
Pocas
parejas pueden resistir esas situaciones sin que florezcan nuevos amores.
¿Podremos resistirlo nosotros, acaso?
30
de Julio – A bordo
El
cruce del Ecuador es el tema del día. Se celebrará mañana con un baile de
disfraz. Los pasajeros dan a esto una importancia trascendental.
Cortinas,
colchas, mantas, atuendos marinos, aparecen mantones y peinetones de España,
exóticos sombreros de Capri, abigarradas gorras inglesas o simpáticas boinas
vazcas. Todo es bueno para la imaginación.
Con
Maribel hemos preparado un número basado en la danza de los apaches franceses.
Luego de la interpretación mímica en la que oficio de improvisado “macro”
exigiéndole dinero, bailamos un apasionado java, al finalizar el cual la arrojo
aparatosamente al piso.
31
de Julio – Ecuador
Bautismos
y chapusones a granel.
Alegría
de los pasajeros en la mañana. Por la tarde, ensayo con Maribel. La señora
Carolina, que apareció repentinamente en la sala de música celebró nuestro
entusiasmo. Estaba contenta. Había encontrado en la boutique de abordo un
perfume francés, “Magriffe”, que olvidara en París. Varias veces aplaudió con
entusiasmo. Sí, estaba –o al menos parecía- contenta.
Pero
aquella noche, cuando maquillados y disfrazados, abrazados, bailamos bajo el
haz de luz, vi al pasar junto a su mesa una mirada extraña. ¿Era quizás de
desagrado?
(Fecha)
Todo
ocurrió sin haberlo premeditado. Esa noche de gala, al salir del Río, nos
encontramos solos. Sin su madre y sin su prima. Tomados de la mano, caminamos
por el barco. Buscábamos un lugar donde podernos abrazar. Éramos jóvenes, el
sol y el mar nos enervaban. La sala de música era el lugar ideal. Las puertas
abiertas de par en par y nadie adentro. Un sillón amigo quedaba oculto detrás
de una de ellas.
Teníamos
sed de abrazos, de caricias, de besos, de palabras dulces dichas al oído. Un
momento de liberación para emociones contenidas.
El
bueno de León, nos encontró.
-¿Qué
hacen aquí ustedes?
-¿Qué
creés que hagamos?- Y le solté una palabrita que no condice mucho con este
relato.
-La
señora los busca por todas partes, está como loca. Le ha pedido al capitán que
intervenga y abra tu camarote. No le ha hecho caso y ha mandado en cambio un
oficial a buscarlos.
Maribel
no salió de su camarote. La esperé inútilmente dos días. Pero la que sí
apareció fue la señora Carolina y enfiló directamente hacia mí.
-Maribel
está comprometida con un hombre grande, serio, un estanciero. Usted es muy
joven. No tiene nada más que simpatía. Ha sido una locura de juventud. Tiene
que convencerse.
Seguimos
hablando hasta que la media luz del crepúsculo puso fin al diálogo.
En
la rada de Buenos Aires
Mañana
temprano, con las primeras luces, el barco entrará a puerto. Repaso este
diario. Madrid y su colorido, Italia con góndolas y fondo de música romántica
que invita al amor y París, con la dulce Jacqueline mostrándome los encantos de
la ciudad, mientras yo ahora recuerdo los suyos.
Es
tarde. Por el ojo de buey, veo un rosario de luces encendido. Buenos Aires nos
espera nuevamente. Me acuesto, pero me vuelvo a levantar antes de escribir la
última frase, para abrir el ojo de buey. Porque este perfume francés me resulta
insoportable.
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