sábado, 15 de junio de 2013

Bailando le java sobre las olas

“Voici le rivage
 voyez je suis sag e

Boulogne Sur Mer 21 de Julio
Viajo en un destartalado Citroen que oficia como taxi, por las calles de Boulogne Sur Mer.
El chofer me muestra la devastación que la guerra ha dejado, de la que ha pasado 5 años solamente.
-¿Este es el Hotel Central?
-Oui Monsieur, c’est ici.- En realidad no es un hotel. Más bien un bar con algunas habitaciones. Lleno de marineros, de prostitutas y rufianes que cuidan su negocio. Un fuerte olor a pescado frito se mezcla con el del tabaco de las pipas que esparcen humo por el abigarrado ambiente del puerto.
Me gusta, y para no ser menos, tomo un cointreau antes de subir a mi cuarto.
Ya en la cama, trato de hacer un repaso de este largo viaje por Europa. Me es imposible. Pienso en las palabras de Jacqueline, la dulce Jacqueline de cuya mano aprendí París.
“No, no recordarás París por sus calles ni por sus bistros, ni por sus iglesias o sus parques, es algo distinto. Está en el aire que se respira, en la gente que pasa o en esa alegría melancólica que sentimos cada vez que lo reencontramos. Es una sensación que no puedo definir. La aprenderás con el tiempo. Ya verás, con el tiempo.” Es tarde y Jacqueline ya no está conmigo; mejor es dormir. Mañana embarcaré rumbo a Buenos Aires.
Desde el bar me llega la voz inconfundible de Maurice Chevalier cantando “Pour les amants c’est tous le jours dimanchs”. ¿Será cierto?

22 de Julio - A bordo
El barco comienza a despegarse lentamente del muelle.
Una banda arranca con “Douce France” y “Menilmontant”.
Estabas al lado mío en la borda, despidiéndote de alguien. Yo te dije “no tengo a nadie para saludar, pero igual lo hago. Tómelo como una bienvenida.” Te hizo gracia y sonreíste. Descubrí en ese momento que el sol tenía reflejos mágicos en tu pelo.

23 de Julio – A bordo
Sé que te llamas María Isabel y que te dicen Maribel. Heredera de una familia tradicional, regresas de un largo viaje por Europa con tu madre y tu prima, para completar tu educación de niña de la sociedad.
El barco se ha movido mucho al navegar hoy, por el golfo de Vizcaya.
Te encontré en la cubierta. Como no te mareabas, igual que yo, hablamos durante mucho tiempo.

24 de Julio
Hoy conocí a la señora Carolina, la madre de Maribel. Viuda y cincuentona. Es una auténtica “balzaqueana”, o sea, las mujeres que deseaba Honoré de Balzac. Elegante y naturalmente de gran mundo. No dejó por eso de someterme a un no muy disimulado interrogatorio. Qué hacía, qué pensaba hacer, mi familia tenía campos, y otros pormenores sin importancia.
A pesar de eso, simpatizamos mucho.
Por la noche desembarcamos en Lisboa. Recorrimos las pintorescas calles y paseamos por la avenida Liverdade en compañía de un agradable compañero de mesa, Luis.
Rechacé prostitutas que se ofrecían y fuimos a escuchar música al “Machado”, mezcla de restaurant y café, donde se escuchan los melancólicos fados que el público acompaña cantando también. Qué buena alegría encontrarte allí. Todos reímos, cantamos, y contagiados por la pasión de una cantante, casi lloramos.
En ese momento de emoción colectiva fue, que encontré tu mirada y supe que algo estaba por nacer entre nosotros.

28 y 29 de Julio
Días de felicidad. Largos, extensos. El reloj del tiempo se ha detenido.
Ver en cubierta como el sol se asoma es un momento de felicidad. Los problemas se han ido por la borda. El mar, que siempre regresa todo, nos lo devolverá cuando lleguemos.

La magia del viaje ha tendido sus redes. Nuestras manos se entrelazan mirando una luna caprichosa, que aparece y desaparece, dándonos fuerza espiritual a esa sobrecargada y misteriosa fascinación de la naturaleza. Los paseos por cubierta, las miradas furtivas, la piscina y los juegos, la música y los bailes, canastas, deck-tennis y sol, la luna dialogando con las aguas, y el infinito inmenso en los crepúsculos, donde la vista no llega y sólo alcanza la imaginación.
Pocas parejas pueden resistir esas situaciones sin que florezcan nuevos amores. ¿Podremos resistirlo nosotros, acaso?

30 de Julio – A bordo
El cruce del Ecuador es el tema del día. Se celebrará mañana con un baile de disfraz. Los pasajeros dan a esto una importancia trascendental.
Cortinas, colchas, mantas, atuendos marinos, aparecen mantones y peinetones de España, exóticos sombreros de Capri, abigarradas gorras inglesas o simpáticas boinas vazcas. Todo es bueno para la imaginación.
Con Maribel hemos preparado un número basado en la danza de los apaches franceses. Luego de la interpretación mímica en la que oficio de improvisado “macro” exigiéndole dinero, bailamos un apasionado java, al finalizar el cual la arrojo aparatosamente al piso.

31 de Julio – Ecuador
Bautismos y chapusones a granel.
Alegría de los pasajeros en la mañana. Por la tarde, ensayo con Maribel. La señora Carolina, que apareció repentinamente en la sala de música celebró nuestro entusiasmo. Estaba contenta. Había encontrado en la boutique de abordo un perfume francés, “Magriffe”, que olvidara en París. Varias veces aplaudió con entusiasmo. Sí, estaba –o al menos parecía- contenta.
Pero aquella noche, cuando maquillados y disfrazados, abrazados, bailamos bajo el haz de luz, vi al pasar junto a su mesa una mirada extraña. ¿Era quizás de desagrado?

(Fecha)
Todo ocurrió sin haberlo premeditado. Esa noche de gala, al salir del Río, nos encontramos solos. Sin su madre y sin su prima. Tomados de la mano, caminamos por el barco. Buscábamos un lugar donde podernos abrazar. Éramos jóvenes, el sol y el mar nos enervaban. La sala de música era el lugar ideal. Las puertas abiertas de par en par y nadie adentro. Un sillón amigo quedaba oculto detrás de una de ellas.
Teníamos sed de abrazos, de caricias, de besos, de palabras dulces dichas al oído. Un momento de liberación para emociones contenidas.

El bueno de León, nos encontró.
-¿Qué hacen aquí ustedes?
-¿Qué creés que hagamos?- Y le solté una palabrita que no condice mucho con este relato.
-La señora los busca por todas partes, está como loca. Le ha pedido al capitán que intervenga y abra tu camarote. No le ha hecho caso y ha mandado en cambio un oficial a buscarlos.

Maribel no salió de su camarote. La esperé inútilmente dos días. Pero la que sí apareció fue la señora Carolina y enfiló directamente hacia mí.
-Maribel está comprometida con un hombre grande, serio, un estanciero. Usted es muy joven. No tiene nada más que simpatía. Ha sido una locura de juventud. Tiene que convencerse.
Seguimos hablando hasta que la media luz del crepúsculo puso fin al diálogo.

En la rada de Buenos Aires
Mañana temprano, con las primeras luces, el barco entrará a puerto. Repaso este diario. Madrid y su colorido, Italia con góndolas y fondo de música romántica que invita al amor y París, con la dulce Jacqueline mostrándome los encantos de la ciudad, mientras yo ahora recuerdo los suyos.

Es tarde. Por el ojo de buey, veo un rosario de luces encendido. Buenos Aires nos espera nuevamente. Me acuesto, pero me vuelvo a levantar antes de escribir la última frase, para abrir el ojo de buey. Porque este perfume francés me resulta insoportable.

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