Flores del 30. Aroma se glicinas y las niñas casamenteras
yendo los domingos a misa de Once, la que inmortalizara la canción homónima. En
el señorial Club de Flores, centro de la vida social del barrio, se
entrelazaban amistades y nacían los noviazgos.
En ese
Club, en un día soleado de primavera en 1935, se disputo la Copa Contralmirante
Ricardo Hermelo, en la que participó Félix con sus 14 años yo como un espectador
de 8 años , asomándome a un mundo que seria la pasión de nuestras vidas.
De ese día conserve durante años
solamente un flash. Un señor grande de edad, sentado al lado de mi padre, valiéndose
de las manos jugaba a hacer esgrima conmigo, que saltaba sin ninguna timidez,
siguiendo el juego bajo la mirada atenta de mi padre.
Pasaron
muchos años y el flash quedo guardado en
mi memoria como una vieja fotografía, sin nombres, sin lugares. Hasta que en un reportaje que nos hiciera Felix
D.Frascara, director de la revista El Grafico y uno de los mejores periodistas deportivos del país, mi padre
dijo: “Fíjese si Fulvio habrá empezado
joven que hizo esgrima con Lugones. Entonces fue que el Flash tomo vida y la
explicación de Don Felice aclaró el resto.
Leopoldo
Lugones, fanático de la esgrima y los
duelos practicaba el deporte en el Circulo militar y a veces concurría a ver
algún torneo. Amigo de mi padre jugaba
conmigo mientras conversaba con el. Y así supe muchos años después que ese señor era nada menos que D. Leopoldo Lugones
Manuel
Gálvez lo describió como una personalidad poderosa de gestos viriles y palabra
rotunda y brillante. Escritor y político que recorrió todos los caminos del
pensamiento desde el nihilismo destructor y el anarquismo de su juventud
extrema hasta el militarismo aristocrático, el que cuando llegó lo que el
llamaría la hora de la espada; lo desilusionaría no siendo para nada lo que él
esperaba.
Al
contrario de los políticos de hoy que
cambian de ideología en procura de dadivas o negociados, Lugones creía en la
sinceridad de sus cambios de ideas. Vivió con su modesto sueldo de Director de
bibliotecas, matizado con algún Congreso en Europa y nada más.
Se
desilusionaría de todo. Creyó que el
Presidente Justo era el hombre del Destino y en cambio inauguró el
fraude de la década infame. Quisieron minimizarlo llamándolo solamente el poeta
Lugones. No se habían equivocado. Así debe llamárselo porque fue el más grande
y el que sobrevoló la envidia con las alas de su capacidad y de su talento.
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