sábado, 15 de junio de 2013

ERA LUGONES

Flores  del 30. Aroma se glicinas y las niñas casamenteras yendo los domingos a misa de Once, la que inmortalizara la canción homónima. En el señorial Club de Flores, centro de la vida social del barrio, se entrelazaban amistades y nacían los noviazgos.
En ese Club, en un día soleado de primavera en 1935, se disputo la Copa Contralmirante Ricardo Hermelo, en la que participó Félix con sus 14 años yo como un  espectador  de 8 años , asomándome a un mundo que seria la pasión de nuestras vidas. De ese  día conserve durante años solamente un flash. Un señor grande de edad, sentado al lado de mi padre, valiéndose de las manos jugaba a hacer esgrima conmigo, que saltaba sin ninguna timidez, siguiendo el juego bajo la mirada atenta de mi padre.
Pasaron muchos años y el flash  quedo guardado en mi memoria como una vieja fotografía, sin nombres, sin lugares. Hasta que  en un reportaje que nos hiciera Felix D.Frascara, director de la revista El Grafico y uno de los mejores  periodistas deportivos del país, mi padre dijo: “Fíjese si Fulvio  habrá empezado joven que hizo esgrima con Lugones. Entonces fue que el Flash tomo vida y la explicación de Don Felice aclaró el resto.
Leopoldo Lugones, fanático de la esgrima  y los duelos practicaba el deporte en el Circulo militar y a veces concurría a ver algún  torneo. Amigo de mi padre jugaba conmigo mientras conversaba con el. Y así supe muchos años después que ese  señor era nada menos que D. Leopoldo Lugones
Manuel Gálvez lo describió como una personalidad poderosa de gestos viriles y palabra rotunda y brillante. Escritor y político que recorrió todos los caminos del pensamiento desde el nihilismo destructor y el anarquismo de su juventud extrema hasta el militarismo aristocrático, el que cuando llegó lo que el llamaría la hora de la espada; lo desilusionaría no siendo para nada lo que él esperaba.
Al contrario  de los políticos de hoy que cambian de ideología en procura de dadivas o negociados, Lugones creía en la sinceridad de sus cambios de ideas. Vivió con su modesto sueldo de Director de bibliotecas, matizado con algún Congreso en Europa y nada más.
Se desilusionaría de todo. Creyó que el  Presidente Justo era el hombre del Destino y en cambio inauguró el fraude de la década infame. Quisieron minimizarlo llamándolo solamente el poeta Lugones. No se habían equivocado. Así debe llamárselo porque fue el más grande y el que sobrevoló la envidia con las alas de su capacidad y de su talento.




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